5. Ejercicios resueltos

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Imagen 1. Autor: Desconocido. Dominio público

"Sonreí con tristeza, y hubo un momento de silencio. Sor Simona dejó la luz sobre la mesa y tornó al borde de la cama. Yo veía en la sombra las dos figuras atentas y graves.

Comprendiendo la razón de aquel silencio, les hablé:

—¿Será preciso amputar el brazo?

El médico y la monja se miraron. Leí en sus ojos la sentencia, y solo pensé en la actitud que a lo adelante [sic] debía adoptar con las mujeres para hacer poética mi manquedad. ¡Quién la hubiera alcanzado en la más alta ocasión que vieron los siglos! Yo confieso que entonces más envidiaba aquella gloria al divino soldado, que la gloria de haber escrito el Quijote. Mientras cavilaba estas locuras volvió el médico a descubrirme el brazo y acabó declarando que la gangrena no consentía espera. Sor Simona le llamó con un gesto, y apartados en un extremo de la estancia los vi conferenciar en secreto. Después la monja volvió a mi cabecera:

—Hay que tener ánimo, Marqués.

Yo murmuré:

—Lo tengo, Sor Simona.

Y volvió a repetir la buena Madre:

—¡Mucho ánimo!

La miré fijamente y le dije:

—¡Pobre Sor Simona, no sabe cómo anunciármelo!

La monja guardó silencio y la vaga esperanza que yo había conservado hasta entonces huyó como un pájaro que vuela en el crepúsculo: Yo sentí que era mi alma como viejo nido abandonado. La monja susurró:

—Es preciso tener conformidad con las desgracias que nos manda Dios.

Alejóse con leve andar, y vino el médico a mi cabecera. Un poco receloso le dije:

—¿Ha cortado usted muchos brazos, Doctor?

Sonrió, afirmando con la cabeza:

—Algunos, algunos.

Entraban dos monjas, y se apartó para ayudarlas a disponer sobre una mesa hilas y vendajes. Yo seguía con los ojos aquellos preparativos, y experimentaba un goce amargo y cruel, dominando el femenil sentimiento de compasión que nacía en mí ante la propia desgracia. El orgullo, mi gran virtud, me sostenía. No exhalé una queja ni cuando me rajaron la carne, ni cuando separaron el hueso, ni cuando cosieron el muñón.

R. del Valle-Inclán: Sonata de invierno
1. Resumen:

2. Comentario crítico: El texto destaca que el sentimiento de la compasión es propio de mujeres (=femenil), ¿opinas tú también como el protagonista o piensas que es más bien propio del ser humano?

Antes de ofrecerte una posible respuesta a esta cuestión, queremos recordarte que, en cualquier comentario crítico que se pida la opinión sobre un determinado tema, cualquiera que se dé será válida siempre que se exprese con precisión y, por supuesto, se justifique dando una serie de razonamientos. En este caso en concreto, se trata de dar una visión muy personal sobre un tema relacionado con los sentimientos. ¿Es la compasión propia de mujeres? ¿Carecen los hombres de este sentimiento?


3. Análisis sintáctico:

En este tema, hemos estudiado las oraciones compuestas por subordinación adverbial, concretamente aquellas que hemos denominado adverbiales propias porque equivalen al adverbio en la oración simple.

Para practicar un poco más su análisis, hemos entresacado este ejemplo del texto:

Mientras cavilaba estas locuras, el médico volvió a descubrir mi brazo y acabó declarando que la gangrena no consentía espera.

4. Léxico:
Explica qué significan las palabras siguientes: cavilaba, crepúsculo, receloso. Escribe una oración con cada una de ellas.

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5. Explica qué significan estos conceptos: homonimia, polisemia, sinonimia y antonimia.

6. El teatro anterior a 1936. Valle-Inclán, Benavente y Lorca.